• Rogelio Calderón

Pepe y sus tarjetas

Pepe nunca fue muy bueno con el balón. Era limitado, pero le encantaba. Siempre era el último al que escogían. Todos lo evitaban, y es que su técnica no inspiraba admiración, ni liderazgo, ni nada. Eso sí, era buena persona.


Tenía un pulcro sentido del deber y la justicia. En la cancha los dioses del fútbol se habían empeñado en marginarlo con pobre técnica y escaso contacto con el balón. Sus amigos trataron de todo para involucrarlo en el juego. Dicen que a los mas malos los bajan a la defensa. Ahí jugó un periodo sin éxito alguno. Si no tocaba la pelota entonces pateaba sin querer a los jugadores provocando muchos penales. Siempre se disculpaba a pesar de la reacción agresiva de las víctimas. Era un caballero, y aceptaba con honestidad las faltas que le señalaban. Pepe llegó a ser el “pan” de los delanteros, y por ende nunca brilló en los equipos que jugaba.


Le movieron a portero. “Igual no permitimos que nos lleguen” decían sus amigos ingenuos. Tremendo desastre. Goles desde lejos, en todos los ángulos, y de los más absurdos que uno podía ver en el campo. La educación de Pepe no le permitía expresarse con malas palabras pues, era muy decente. Sabía que no ayudaba a sus compañeros y optó por retirarse. Momento doloroso para él, pero honesto y necesario de acuerdo a sus convicciones.


Pepe siempre apuntaba estadísticas de los juegos en los que participaba. Anotaba los goles, las asistencias, las faltas, e incluso la temperatura y hora en sus queridas tarjetas. Era muy ordenado, pulcro, y metódico. Estaba destinado a algo, solo era cuestión de encontrar qué. Las tarjetas siempre fueron parte de él, y las usaba para llevar una bitácora de sus encuentros.


Pasaron los años. Pepe se convirtió en árbitro, y de los buenos. Ahora sí disfrutaba el fútbol. Con el poder de sus dos tarjetas legítimas seguía apuntando todo, y decidía el destino de algún mal educado dentro del juego. Pepe se ganó el respeto de la liga local, lo querían a él siempre por justo y por profesional. Esto nunca hubiera sido posible de haber seguido usando espinilleras en vez de silbato. Llegó a mundiales.


El fútbol siempre tiene un lugar para todos aquellos que lo quieren de verdad. A Pepe no se le dio con un balón, pero sí con un par de de tarjetas.




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